¿Cuál es el color de la literatura?
En Tercera Margen creemos que la diferencia entre una traducción humana y una traducción hecha por traductores automáticos o inteligencia artificial es que los seres humanos tienen cuerpo. Los textos, antes de ser textos, circulan por un sistema nervioso, espantan, conmueven y atraviesan a quien los escribe al pasar por el filtro de su vivencia particular. Por eso nos interesan especialmente las reflexiones que dejan esta realidad de presente y ponen en evidencia la carne de quien traduce. Davi Boaventura nos dio permiso para reproducir este texto, originalmente publicado en su Dengoletter, a propósito de su traducción del libro Hevy, de Kiese Laymon, al portugués de Brasil. La traducción del texto de Davi al español es de Ángela Cuartas.
Pues bien, quiero, para empezar, recordar a los muy estimados dengoletters una verdad muy, muy insidiosa: una traducción es una traducción y siempre será una traducción. Puede parecer una cuestión obvia, pero no se engañen, porque no lo es: mucha gente —realmente mucha—, incluso lectores asiduos, a veces olvidan que, sí, están leyendo una traducción y no el texto original, y que sí, quien escribió aquellas palabras no fue la autora fulana de tal, fue alguien tras bambalinas, en la oscuridad de las entrelineas, una persona cuyo nombre a veces ni siquiera aparece en la contraportada.